Daniel Sánchez, CEO de Adviters, durante su charla sobre inteligencia artificial y empleo en la Universidad de Belgrano

En el marco de la Feria de Empleo de la Universidad de Belgrano, Daniel Sánchez, CEO de Adviters, brindó una charla dirigida a estudiantes bajo el título “El impacto de la IA en el empleo y las organizaciones”. El objetivo no fue sumarse al discurso catastrofista que suele rodear a la inteligencia artificial, sino desarmar algunos mitos y dar herramientas concretas para pararse frente a este cambio con criterio propio.

A continuación, resumimos las cinco ideas centrales que Sánchez compartió con los estudiantes.

1. No seamos los nuevos luditas

Sánchez arrancó apelando a un episodio histórico: durante la Revolución Industrial, un grupo de trabajadores —conocidos como luditas— salió a destruir las máquinas que consideraban responsables de quitarles el trabajo. El miedo, explicó, era legítimo para la época. Pero la reacción no cambió el rumbo de la historia.

Hoy, planteó, pasa algo parecido con la IA: aparecen voces que proponen frenarla o directamente rechazarla porque “nos va a sacar el trabajo”. Su mensaje fue claro:

“Las cosas pasan. Por más que nos pongamos en el rol de víctimas, eso no va a cambiar. Y siendo víctimas, no vamos a poder salir adelante.”

La invitación no es a resistirse, sino a entender la IA como una herramienta y preguntarse de qué manera se le puede sacar provecho.

2. La verdadera causa de los despidos no es la IA

Uno de los puntos más contundentes de la charla apuntó a desmentir una asociación muy instalada: que la ola de despidos en el sector tech de los últimos años fue “culpa” de la inteligencia artificial.

Según explicó Sánchez, el fenómeno tiene un origen bastante más financiero que tecnológico. Durante 2020 y 2021, con tasas de interés en mínimos históricos en Estados Unidos, los fondos de inversión volcaron capital masivamente hacia startups que priorizaban el crecimiento por sobre la rentabilidad. Cuando las tasas empezaron a subir entre 2022 y 2024, ese financiamiento se cortó y muchas de esas empresas —según relató Sánchez, una porción importante de ellas— entraron en crisis y tuvieron que desvincular personal.

Ahí es donde aparece lo que él calificó como una tendencia de “AI washing”: empresas que, al momento de comunicar recortes de personal, prefirieron explicarlos como una “optimización gracias a la IA” antes que admitir un problema de rentabilidad o de sobredimensionamiento de equipos.

3. La IA reemplaza tareas, no profesiones completas

Sánchez fue puntual en marcar una distinción que considera clave: la IA automatiza tareas repetitivas y de bajo valor —cargar datos, redactar un research inicial, procesar pedidos—, pero no reemplaza el criterio profesional necesario para tomar decisiones dentro de un proceso completo.

El ejemplo que usó fue el de un circuito de ventas: la IA puede automatizar la carga de pedidos en un CRM, pero no puede hacerse cargo de la relación comercial completa con un cliente. Ese es, para él, el terreno donde el valor humano se vuelve más importante, no menos.

4. ¿Quién será senior si no contratamos juniors?

Es una de las preguntas que más circula en redes cuando se habla de IA y empleo, y Sánchez la abordó de frente. Su respuesta: la figura del senior no desaparece, cambia la forma en la que se construye el criterio que lo define.

Antes, explicó, un junior pasaba años ejecutando tareas mecánicas hasta llegar a un punto donde podía empezar a pensar por sí mismo. Hoy, la IA se hace cargo de gran parte de esa repetición, lo que —según su planteo— no elimina el proceso de aprendizaje sino que lo acelera:

“El senior lo que va a hacer es amplificar su criterio. Antes, para formar ese criterio, le llevaba cinco, seis, diez años. Ahora podemos llegar mucho más rápido ahí.”

La base desde la que se arranca es más alta, y eso —sostuvo— también corre el techo de lo que un profesional puede llegar a hacer.

5. El valor vuelve al humano

Para cerrar, Sánchez compartió una anécdota sobre una aerolínea estadounidense que implementó agentes de voz con IA en su call center. El sistema identificaba el perfil de quien llamaba y ajustaba el tono de la respuesta: en un caso, una pasajera mayor y enojada por un problema con su valija fue atendida por una voz configurada para sonar joven, paciente y empática. Cuando pidió hablar con un supervisor humano, la persona que la atendió —cansada tras una jornada larga— la trató con frialdad. La respuesta de la pasajera fue tajante: prefería seguir hablando con la IA.

La moraleja, para Sánchez, es directa: si el trabajo humano se hace de forma mediocre, la gente va a preferir a la máquina.

A partir de esto, propuso cinco capacidades que considera que van a marcar la diferencia en los próximos años:

  1. Aprender rápidamente, aprovechando el acceso inmediato a la información que antes no existía.
  2. Preguntar correctamente, porque la calidad de lo que devuelve la IA depende directamente de cómo se le pregunta.
  3. Pensar críticamente, sin asumir que toda respuesta de la IA es correcta.
  4. Relacionarse y comunicar, una habilidad que la pandemia debilitó y que vuelve a ser un diferencial competitivo.
  5. Asumir responsabilidad: si la IA comete un error, la responsabilidad es de quien la usó, no de la herramienta.

Daniel cerró su exposición sobre el impacto de la IA en el empleo con una idea que resume el espíritu de toda la charla: no podemos elegir la velocidad a la que cambia el mundo, pero sí podemos elegir la velocidad a la que aprendemos.

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